Mi (extremadamente) larga descripción de Sant Jordi ’14

TODOS A

El miércoles fue Sant Jordi. Es un hecho. Lo habéis leído hasta la extenuación estos días pero aquí vengo yo, 2 días más tarde, a enseñar mis compras y las firmas que conseguí. Un año más todo el mundo se volcó en celebrar el día como se merece. Lo habitual es que esta fiesta, en la que la gente pierde la cabeza en las librerías, me anime en mi afición por la lectura. No obstante, este es el primer año que llego a la fecha con mi amor por la literatura en lo más alto.

Sinceramente, le tenía muchas ganas, y eso que me lo iba a pasar trabajando. Aunque sea una gran fiesta lo cierto es que no es festivo. Aunque puede parecer (y de hecho lo es) una gran putada, parte del encanto es ver como se cuela el espíritu literario en un día normal y corriente.

Este año trabajaba en unos grandes almacenes que venden centenares de libros al día. El miércoles vendieron miles. Hubiera disfrutado mis nueve horas de trabajo siendo vendedor y ayudando a la gente a encontrar lo que necesitaba, pero yo solamente, pobre de mi, cobraba los libros, y eso es una MIERDA.

Me pasaban por las manos uno detrás de otro y, de vez en cuando, mientras el cliente rebuscaba el dinero o la tarjeta de crédito (“dios ¡me sobran las tarjetas!”) yo los habría por una esquina o leía la contraportada. Cada cierto rato cobraba El Jilguero, libro que ya tenía resuelto comprar cuando acabara mi jornada y que me enamoraba cada vez que lo cogía para pasar el código de barras. Piiip. Pronto.

TODOS LADO

En fin, que me lío. A las 20.00 salí de trabajar, cansado de hablar, de repetir lo mismo todo el día y, por qué no decirlo, de la gente en general. Aunque podía haber comprado ahí mismo, fui a una librería que me gusta más, mucho más. Es pequeña, con un suelo de madera que cruje bajo tus pies y está abarrotada de libros. El problema es que el miércoles estaba también ABARROTADA de personas, tanta que casi había cola para entrar. Horas antes, mientras trabajaba, había imaginado el momento de (por fin) ir a comprar como algo perfecto. Me dedicaría a encontrar los libros que quería (y miraría decenas de títulos más), los toquetearía, los pagaría y saldría con ellos de la tienda tan feliz.

Pues bien, no hace falta decir que fue bastante diferente. Estaba más preocupado de no pisar a gente o de intentar colarme por los pasillos para llegar a donde quería que de mirar. Me lancé a por El Jilguero nada más entrar, aunque tenían todavía una buena cantidad de ejemplares apilados. Le tenía tantas ganas (y me parece tan preciosa la edición de Lumen) que no pude más que ir directo a por él, estirando el brazo entre dos personas para alcanzar una copia, y cómo pesa el jodido.

Después de tenerlo entre mis manos me relajé un poco y me lo tomé con filosofía. Aún tenía que ir a por muchos títulos más:

  • Libertad, Jonathan Franzen
  • Más Afuera, Jonathan Franzen
  • Taipei, Tao Lin
  • La Broma Infinita, David Foster Wallace
  • Submundo, Don DeLillo

Comprobé de nuevo lo increíblemente difícil que era moverse, y más con el abrigo puesto (me estaba cociendo) y la mochila a la espalda. No, de tomármelo con filosofía nada… Me desanimé de golpe y supe que iba a salir de allí mucho antes de lo que tenía previsto. Conseguí llegar al cabo de unos minutos (¡minutos!) a la zona donde debería de estar Libertad, pero no quedaban más que ejemplares de bolsillo. Lo mismo con La Broma Infinita (aunque este no sé porqué no lo cogí). DeLillo me quedaba a la altura del brazo así que me agencié Submundo y me di por vencido.

PAGINAS

Antes de coger el tren pasé por otra librería, también reventada, y donde tampoco había ejemplares de Libertad, ni de Taipei ni de La Broma Infinita.

¿Todo este rollazo para qué? Pues para explicar que, aunque la experiencia no fue gratificante, Sant Jordi me sigue pareciendo una fiesta estupenda, a pesar de la incomodidad que supone comprar libros ese día.

Lo mejor sin duda es que, sobretodo en Barcelona, puedes encontrar a grandes autores firmando por toda la ciudad. Este año, como no podía acercarme yo a que me firmaran le pedí a mi hermano que fuera él, que para algo somos gemelos y puedo abusar de su confianza. Además él también lo disfruta mucho, lo cual me sirve a mi también de alguna (extraña) manera.

Jöel Dicker le firmó la copia del libro que le regalé por Navidades. Sí, vende como churros y La Verdad sobre el Caso Harry Quebert es el típico best seller al que le puedes coger manía por estar en todos lados, pero no deja de ser un libro precioso, absorbente y apasionante.

Firma Joel

Mark Z. Danielewski le firmó la copia de La Casa de Hojas que me autoregalé en Navidades. Sin haberlo visto personalmente me parece un tipo estupendo, luminoso y cercano, todo lo contrario a su obra. Como dato, creo que si lo hubiera tenido delante me hubiera puesto muy nervioso.

Firma Danielewski

El libro que compramos expresamente para que nos firmaran fue Lolito, de Ben Brooks y editado por la genial Blackie Books. Lo tenía en mi lista de compras desde que hace dos semanas leí Crezco, del que ya hablaré en otra entrada. Me gusta el rollo este de la Alt Lit: se lee rápido y es entretenida e irreverente (de ahí que quisiera echarle el guante a Taipei).

Firma BrooksBen parece un tipo que sin duda estaría entre mis amigos. Amable, divertido, agradecido y amante de la cerveza. Me contó mi hermano que estaba tomando una birra en el bar de enfrente con un autor de Barcelona y cuando se enteró de que ya tenía su sitio libre fue corriendo, disculpándose ante la gente que hacía cola y asegurando que no sabía que ya era su hora. Eso sí, no os creáis que soltó la cerveza. Le pegaba sus buenos lingotazos entre firma y firma. Además, regalaba pulseras de animales a los primeros de la cola.

Vale. Me he pasado. Esto es más, mucho más, de lo que tenía pensado escribir. Si has llegado hasta aquí, gracias. Y ahora ¡voy a seguir leyendo El Jilguero!

Ah! Eso sí, podéis decirme qué comprasteis vosotros o qué os parecen los libros que escogí ¿Alguien ha leído alguno de ellos? ¡Estaré encantado de leer vuestros comentarios!

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4 comentarios

  1. Qué ganas de leer El jilguero. Estoy esperando que salga una edición vintage en bookdepository porque son más económicas para comprarlo; me lo han recomendado bastante, al igual que las otras dos novelas de la autora. Creo que Lumen las publicará pronto, si no lo hizo ya. Submundo también me llama mucho. Tengo El ángel esmeralda, de Delillo, comenzado, pero aún no leo todos los cuentos. También compré hace un tiempo Body art, otra novela del autor.
    Felicidades por las firmas! Sobretodo la del autor de La casa de hojas, una de las lecturas más interesantes de este, año, se seguro.

  2. Sí, creo que los leeré muy pronto. Estoy disfrutando muchísimo El Jilguero (esta semana colgaré una reseña) y todo el mundo pone por las nubes, sobretodo, El Secreto.

  3. […] Ya explique en su día cómo compré este libro el día de Sant Jordi, después de desearlo muy intensamente durante varios días. Parte de la culpa la tenía la preciosa edición de Lumen, tan gloriosa, pero también la ambiciosa historia de iniciación que sigue los pasos de Theo Decker. Él es uno de los supervivientes del atentado en el Metropolitan Museum. Ese día, tras una serie de acontecimientos que le sobrepasan y con los nervios a flor de piel, escapa del lugar con el famoso cuadro de Fabritius. Este hecho marcará el resto de su vida, que empezará a girar en torno a la obra, por la que llega a sentir auténtica obsesión. […]

  4. […] al reciente Premio Pulitzer con el que ha sido galardonado. Empujado por el hype que rodea la obra, decidí hacerme con una copia el día de Sant Jordi y ponerme a leerla lo antes posible, algo que por lo general no […]

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